¿Alguna vez conversamos sobre “Dance Your PhD”? Creo que no. Lo descubrí hace casi quince años, en pleno auge de las charlas TED. Qué épocas. Fue el Tiny Desk durante mis veintis, ahora que lo pienso.

“Dance Your PhD”, decía. La idea es muy simple: en lugar de explicar investigaciones utilizando presentaciones aburridas y diapositivas llenas de texto, los científicos tienen que contar sus hallazgos bailándolos. 

Una especie de “bailate una que no sepamos ninguno de nosotros, así aprendemos”. Método científico y meneo hasta el suelo, mis dos verdaderas pasiones.

Se pueden contratar bailarines y coreógrafos, por supuesto, no es que además de ser Dra. en Física Aplicada también sea obligatorio bailar como Paloma Herrera o Marcelo Iripino. Todo es válido para cumplir con el bello e inusual objetivo de darle movimiento al paper. 

Me resulta interesante no solamente por lo performático —que ya de por sí rompe con todo— sino el razonamiento que hay detrás. John Bohannon, la persona que tuvo esta idea, lo explica así: la ciencia también tiene un problema de comunicación que hace que se vuelva muy lejana al público, incluso para audiencias que comprenden el tema. 

De paso, su propuesta generaba trabajo para artistas en un momento bastante poco feliz para las artes, apenas unos años después del estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008, cuando los fondos culturales estaban en modo subsistencia. No como sucede ahora, por supuesto.

Desde entonces, “Dance Your PhD” siguió creciendo. El sitio recibe trabajos todos los años, el formato se replicó en distintos países y transformó la manera en la que se explica la ciencia. 

En YouTube hay superproducciones, pero lo más interesante sigue estando en el origen del proyecto y en cómo Bohannon lo explicaba en aquella charla TED. Me quedo con una frase: “Sería interesante ver cómo los gobiernos justifican el salvataje a un banco usando bailarines”.