Tras un proceso de revisión técnica y de cumplimiento de políticas, herramientas desarrolladas por otros que no sean OpenAI podrán integrarse directamente en la conversación. No se instalan, tampoco se habitan fuera del entorno y no requieren que el usuario abandone ChatGPT. ¿Cómo funcionan? Aparecen y operan cuando tienen sentido para lo que se está haciendo.
La comparación con una tienda de aplicaciones es inevitable, pero también resulta bastante engañosa si se la toma al pie de la letra.
Si bien hay similitudes con Google Play o Apple Store, estas apps no se presentan como productos autónomos, sino como herramientas que se activan dentro de la conversación, muchas veces sin que el usuario tenga que elegirlas explícitamente.
Dicho de otra manera: la estrategia de ChatGPT es ser una plataforma donde distintas capacidades especializadas convivan de forma invisible para el usuario, aun si las creó otro. Raro.
Porque aunque parezca una sutileza, en realidad cambia el modelo de distribución.
Dentro de una app store convencional, la clave está en la visibilidad, los rankings, las reseñas y las descargas. En ChatGPT, al menos como se está planteando ahora, la lógica es que la app aparece porque resuelve la tarea, no porque alguien la haya buscado activamente en ese momento preciso.
Una vez que una app está habilitada por el usuario, la activación es contextual: no se abre ni se busca, tampoco se interactúa con una interfaz propia. La app aparece porque la tarea lo amerita y porque el usuario ya dio consentimiento previo.
Esto redefine el rol del usuario, porque en lugar de decidir “quiero esta app”, la experiencia se parece más a “ChatGPT usa esta herramienta para resolver mejor este tema”. Es una manera de ampliar lo que el modelo puede hacer en segundo plano.
Para los desarrolladores, esto abre oportunidades interesantes, es cierto, pero también plantea otras incógnitas. Por ejemplo: cuánta visibilidad, control y relación directa van a tener con el usuario si, por diseño, esa app se va a diluir dentro de la experiencia principal.
Además, pasarán de priorizar interfaces eficientes a tener que construir lógica útil, precisa y bien delimitada, con las opacas reglas que OpenAI imponga, por supuesto.
Otro movimiento más que apunta a lo que, para muchos, es la verdadera intención de OpenAI: convertir a ChatGPT en “el Windows de la IA”. Recordemos que Microsoft es su máximo inversor. En fin, si esto termina siendo un ecosistema abierto o un jardín cuidadosamente cercado todavía está por verse.